Cuando el streaming se convirtió en una herramienta de trabajo

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En los años 90, la retransmisión de eventos como una feria internacional empresarial era cubierta más allá de la televisión por catálogos informativos que se ofrecían semanas después a los profesionales interesados. En el caso de algunos eventos de entretenimiento, se ponía a la venta (meses o años más tarde) cintas VHS que contenían material audiovisual del mismo.

Internet estaba predestinada a cambiar esta situación hacia mejor, de cara tanto a las empresas como para el usuario final, pero la importancia actual del streaming o transmisión en directo ha superado todas las expectativas.

Para los usuarios, poder ver desde casa espectáculos musicales, retransmisiones deportivas o cualquier tipo de información audiovisual en directo (o grabada en directo) es una ventaja incomparable frente a cómo se consumía el contenido digital hasta el momento.

Sin embargo, por muy decisivo que sea de cara a los usuarios, el streaming y una buena calidad de servicio es algo imprescindible para que una empresa adopte la suficiente ventaja competitiva como para ser un medio de referencia.

Tanto para medios de comunicación digitales, como webs corporativas con departamentos o secciones informativas, así como para portales generales de entretenimiento, la transmisión en directo debe combinar rapidez y calidad para alcanzar el éxito. Y si se logra, las ventajas son incomparables a la primicia de una noticia exclusiva o al buen posicionamiento por un término de su nicho.

Ser una referencia en streaming atrae a miles de seguidores de forma periódica para consumir el contenido audiovisual, buscando siempre calidad HD en la medida de lo posible y, lo más importante de todo, una retransmisión fluida, sin cortes y constante de principio a fin.

Para ofrecer un correcto servicio de streaming, sobre todo en momentos puntuales como la cobertura de un evento concreto, es recomendable contratar por un periodo limitado de tiempo un servidor dedicado y un soporte de transmisión en directo superior a los límites marcados por la propia empresa.

El objetivo debe ser evitar el efecto "morir de éxito", por el que algunos medios inician una cobertura con tan buena acogida que la afluencia de usuarios consigue tumbar el servidor contratado en ese momento.

Hay que tener en cuenta que el consumo de datos de un usuario que sigue en directo la transmisión audiovisual de un evento es muy superior a cualquier información escrita o guardada en un buffer, donde se puede acceder en cualquier momento. Además, al centrarse en determinadas horas de cobertura la conexión inmediata en ese momento provoca picos de tráfico, que también pueden perjudicar la experiencia, si no se cuenta con un servicio dedicado que pueda soportarlo.

La caída de un servidor por intentar cubrir un evento en streaming que tiene demasiado éxito, supone un problema grave en relación a la experiencia del usuario quien, probablemente, pierda la confianza en esta empresa para volver a buscar o consumir este tipo de contenido.

Empresas de streaming de pago incluso deberán tener en cuenta posibles devoluciones económicas a sus clientes que confiaron en ellas y que por una falta de previsión y de soporte técnico de la mejor calidad, no han dado lo que prometían. En cuestión de streaming el ahorro a costa de la calidad no es una opción para la empresa suministradora.