La identidad digital

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A pesar de que ya utilizamos muchas aplicaciones que utilizan nuestra identidad financiera, profesional o personal, no tenemos almacenada en el móvil nuestra identificación personal o documento de identidad.

Existen proyectos en distintos lugares del mundo para asociar, por ejemplo, la licencia de conducir con aplicaciones móviles, pero ninguno de ellos está ya operativo.

Hay un problema aún por resolver, y no es fácil: la confianza digital.

Confianza digital

El principal obstáculo para su implantación es la confianza digital, que se obtiene en base a distintos conceptos:

Seguridad: Una de las razones más importantes por las que la identificación digital no consigue implantarse es que muchos usuarios consideran que sus datos personales, contraseñas o claves, están más seguros en un papel escrito a mano en el bolsillo que en su teléfono móvil.
Pese a que los sistemas de seguridad intentan (y consiguen) demostrar que la protección de nuestra información personal está mejor guardada de forma digital, la desconfianza sobre este hecho sigue siendo patente.

Privacidad: Probablemente el concepto más problemático en la actualidad sea el de privacidad. Que los datos personales estén en bases de datos digitales accesibles por las administraciones públicas es preocupante. Como ha ocurrido en Estados Unidos cuando la privacidad de los ciudadanos se ha visto en entredicho, son precisamente este tipo de casos por los que los usuarios se sienten inseguros.

Valor: Hay una pauta que dicta que un ciudadano no realiza un cambio social sin obtener algún beneficio de ello. El ciudadano debe percibir que su identificación virtual tiene más valor que la documentación física tradicional.

Casos de éxito de la identificación digital

El caso de Estonia es particularmente interesante por su envergadura y resultados. El gobierno decidió prácticamente desde que alcanzó su independencia en la década del ’90 que llevaría adelante un proyecto de digitalización de sus servicios. Además de contar de antemano con la confianza de los ciudadanos en el gobierno, el enfoque que utilizaron para que apoyaran el proyecto fue el de darles el control sobre el sistema, evitando así que se sintieran vigilados.

El resultado es que los estonios pueden realizar online todo tipo de trámite: desde presentar una demanda legal hasta votar a sus representantes en el parlamento. Con su identificación digital, pueden también acceder a servicios públicos y privados y tienen firma digital para cualquier tipo de documento legal.

Han surgido otras iniciativas muy prometedoras en lugares como el Trinity College de Dublín. Allí le prohibieron el acceso a la biblioteca a un estudiante, después de haber extraviado su tarjeta de identificación de la universidad. Esta situación provocó que creara una empresa, iDly systems, que desarrolló una aplicación ligada a la cuenta de correo electrónico universitaria de los estudiantes para su identificación, y así tenerla siempre en el móvil. Desde el lanzamiento del proyecto hace un año, más de 6.500 estudiantes del Trinity College se han adherido al sistema para acceder a los servicios de la universidad.

Fuente: iDly Systems