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Los edificios industriales renacen ahora como centros de datos

El reciclaje de antiguas fábricas es una alternativa sostenible para satisfacer las necesidades de la tercera revolución industrial

En un mundo dominado por la generación masiva de información, los centros de datos funcionan como el corazón de la nueva economía digital. Son las factorías de nuestro tiempo: allí los datos se conectan, almacenan y procesan. A pesar de lo reciente de su aparición en el paisaje urbano, tienen los mismos requisitos de las antiguas fábricas del siglo pasado: construcciones sólidas, energía eléctrica abundante y buenas comunicaciones.

De fábricas a centros de datos

Los procesos de transformación digital de las últimas décadas han revolucionado la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. Esos datos que enviamos y recibimos en nuestro móvil, tablet u ordenador viajan a través de diferentes centros de datos, que recogen y procesan la información en servidores y entornos cloud. Los emplazamientos de las antiguas fábricas, con múltiples anillos eléctricos y redes de telecomunicaciones, así como su cercanía con áreas urbanas, se vuelven estratégicos para el negocio.

Estas características se asemejan a las que buscaban las industrias del siglo pasado para sus instalaciones. Los profundos cambios en los modelos de producción industrial han llevado al cierre de muchos establecimientos, dejando edificios abandonados en sitios valiosos.

¿Qué hacer con una planta de carbón… o una fábrica de cerveza?

En Estados Unidos, Google ha escogido recientemente una planta de carbón en Alabama (cerrada por regulaciones medioambientales) para convertirla en un centro de datos, con una inversión de 600 millones de dólares para su transformación. Los grandes almacenes Sears, cuyo negocio se ha visto afectado por las compras online, ha convertido algunas de sus tiendas menos rentables en data centers. Siguiendo esta tendencia, Amazon está transformando una vieja fábrica de galletas en Irlanda en un CPD.

Interxion tiene también experiencia propia en el reciclaje de edificios industriales. En Madrid, comenzamos en el año 2000 en un edificio donde anteriormente había funcionado una imprenta. Su estructura reforzada resultó ideal para las futuras salas con racks y servidores, ya que el suelo había sido diseñado para soportar el peso de la maquinaria para impresión; sus ductos se convirtieron en los patinillos por donde hoy corren los cableados de fibra óptica que nos conectan con el mundo. Y en el caso de Londres contamos con una ubicación muy céntrica, próxima al mercado de Old Spitalfields. El edificio donde actualmente se ubica el centro de datos era una antigua fábrica de cervezas que traza sus orígenes al siglo XVII. 

En Marsella, una construcción de la Segunda Guerra Mundial localizada frente al puerto, con gruesos muros que mantienen fresco el interior y contribuyen a la seguridad del recinto, se convertirá en la ampliación de nuestras instalaciones en la ciudad. Su ubicación frente al puerto facilita el acceso a cables submarinos.

Esta reconversión de edificios industriales es una ventaja competitiva para las empresas tecnológicas, que evitan construir de cero y sacan partido de instalaciones bien conectadas y próximas a clientes y proveedores de servicios. Devolver a la vida útil edificaciones que de otra forma estarían condenadas al derribo o al abandono ha demostrado tener un impacto positivo sobre el medio ambiente, al reducir el uso de materiales de construcción.