Plataformas de streaming: la experiencia de usuario se basa en la latencia

19 Mayo 2021

Autor invitado: Arantxa Herranz

 

Hace 30 años llegaban a España las primeras cadenas de televisión privadas, después de que durante décadas solo las estatales tuvieran permiso para emitir. De entre todas las nuevas cadenas, hubo una especialmente disruptiva: Canal+, la primera televisión de pago que hubo en nuestro país.

Desde entonces, el panorama televisivo ha cambiado mucho. Lo que antes era casi una excepción (pagar por ver la televisión) hoy es casi una norma. Según un estudio de Barlovento de abril del año pasado, en España hay 10 millones de hogares que pagan por ver alguna de las plataformas de contenidos audiovisuales. Es decir, que casi 6 de cada 10 usuarios españoles ven estas plataformas (como Netflix, Amazon Prime Vídeo, o HBO, entre otras).

 

Sin cortes ni interrupciones

La satisfacción del usuario con el servicio que recibe es clave para la mayoría de los negocios. En las plataformas de streaming se ha vuelto algo clave. Es curioso porque cuando estamos realizando una videoconferencia (esas que se han vuelto una norma desde hace un año) se aceptan, con mayor o menor grado, que pueda haber interrupciones, incluso, pequeñas alteraciones, con pequeños cortes y saltos en la voz y la imagen. Cuando estamos viendo una serie o una película no somos tan comprensivos.

Es lo que en términos técnicos se conoce como latencia; es decir, el tiempo que tardan los datos en viajar de un punto a otro en una red. La latencia tiene un impacto significativo en la experiencia del usuario, incluso superando el ancho de banda.

De hecho, PriceWaterhouseCoopers asegura que, aunque el precio sigue siendo un factor decisivo a la hora de que los usuarios elijan una plataforma sobre otra, la usabilidad y la experiencia están ganando terreno como factores de peso a la hora de tomar la decisión.

Es un mercado, además, que no deja de crecer. Según Cisco, el video en línea representará más del 82% de todo el tráfico de Internet en 2022, 15 veces más que en 2017.

 

Cómo funcionan los OTT

Todas estas compañías son denominadas "over-the-top". Con el término OTT se hace referencia a cualquier proveedor de contenido en línea que ofrece transmisión de medios como un producto independiente. El término se aplica comúnmente a las plataformas de video bajo demanda, pero también se refiere a la transmisión de audio, los servicios de mensajería o las soluciones de llamadas de voz basadas en Internet.

Los servicios OTT eluden los canales de distribución de medios tradicionales, como las redes de telecomunicaciones o los proveedores de televisión por cable. Siempre que tenga acceso a una conexión a Internet, ya sea localmente o a través de una red móvil, se puede acceder al servicio completo.

Para hacer que todos sus servicios lleguen y lo hagan con una buena experiencia de usuario, deben tener una fuerte infraestructura, propia o de terceros, que los sustenten. Deben, por un lado, tener sus contenidos almacenados en diversas localizaciones para que lleguen más rápido al consumidor, sin interrupciones, y garantizando que, si hay cualquier problema en uno de esos almacenes, la red pueda recuperar el contenido guardado en otras localizaciones.

Además, y sobre todo cuando las mismas imágenes se envían, al mismo tiempo (como en una retransmisión deportiva en directo) a millones de hogares, la red debe garantizar que los archivos y las transmisiones en vivo estén disponibles, planificando en todo momento los recursos que serán necesarios.

Y, además, deberá seleccionar componentes de infraestructura, que vengan con las herramientas y tecnologías adecuadas para encontrar el equilibrio entre la eficiencia de costes operativos, por un lado, y la efectividad de la red y la satisfacción del cliente por el otro.

Esa infraestructura, desde la que se distribuyen los contenidos OTT, propia o de terceros, son los conocidos como centros de datos, unas instalaciones donde todo se interconecta y  tan críticas para nuestra vida personal y profesional que ya hay quien reclama que se conviertan, tras el gas, la electricidad, el agua y las telecomunicaciones, en la quinta utility.